Por Sergio Marcano
Desde hace más de 20 años en este pandemonio tropical llamado Venezuela, todo,
desde lo más básico a lo más complejo, implica rigores y sacrificios;
en la ya no tan nueva cotidianidad que trajo consigo la revolución;
dependiendo de la ciudad o de la zona en la que esté tu residencia,
hay recortes diarios de energía eléctrica,
hay que esperar a que llegue el agua por días o semanas;
tarda en aparecer el gas que se necesita para cocinar,
los bolívares devaluados que recibes como sueldo por tu trabajo, no alcanzan para comer, pagar servicios, vestirte, calzarte, tomar medicinas o curarte; porque la inflación es de las más altas del planeta y todos los precios terminan pagándose en dólares;
no hay libertad de expresión,
las fuerzas militares y policiales no respetan el estado de derecho,
no funciona el sistema hospitalario,
hay que hacer cola para pagar gasolina en bolívares,
y etc, etc, etc.
Pero en televisión nacional y en todas las redes Chávez y Maduro, sus camarillas de ministros y todos y cada uno de sus aliados comunicacionales, se encadenaron por horas, días, semanas, meses, años, décadas; tratando de convencernos con su labia y narrativa discursiva, que todo lo que vivíamos era el deber ser,
un presente noble equiparable a cualquiera de las batallas heroicas de la gesta libertadora;
y por lo tanto, si teníamos paciencia,
si sabíamos esperar;
seriamos recompensados con un futuro lleno de ventura y prosperidad.
Y muchas personas;
en el país con las reservas petroleras más grandes del planeta tierra;
claudicaron sus expectativas de prosperidad en el presente,
y vestidos de rojo pactaron con lo mínimo,
con lo que apenas alcanzaba para garantizar su supervivencia;
una caja clap,
un bono;
y esperanzados en el futuro prometido, cayeron sin darse cuenta, en una espiral descendente que poco a poco llenó sus vidas de promesas incumplidas;
de carestía,
miseria
y resignación.
Quizás es por eso que el presente criollo es tan aciago,
porque la cotidianidad de todos los que vivimos aquí,
independientemente de nuestra ideología política,
parece suspendida en el tiempo;
porque la Venezuela de hoy en día es un lugar liminal en el que se nos va la vida esperando las soluciones que promete el discurso oficialista;
soluciones que, por corrupción, desidia, incompetencia y por sobre todas las cosas, por diseño social, nunca se materializan.
Fue en este contexto, que una madrugada como cualquier otra, los gringos entraron al país y descabezaron al gobierno nacional;
y en el que tan solo unos días después fueron despachados de Venezuela los principales ideólogos del aparato de inteligencia cubano.
Y repentinamente, pasamos de estar sometidos por la izquierda Chavo-Madurista-Castrista, a un gobierno norteamericano/criollo, conformado por actores, que, desde hace más de 25 años, habían sido antagónicos, y que, por ser tan reciente, aún no logramos entender del todo.
Por su lado Trump, un hombre de negocios, millonario; polémico por las guerras que dice haber detenido, por las guerras en las que participa y por la manera particular que tiene de entender y ejercer la política; nunca se ha vendido a sí mismo como el libertador de los derechos democráticos de los venezolanos; más bien, ha hablado claramente sobre los intereses de su país sobre el petróleo que se encuentra en el subsuelo venezolano.
Y Delcy Rodríguez ex ministra de Economía, de Hidrocarburos, de Comunicación -entre otros- y más recientemente ex vicepresidenta del gobierno de Maduro; una figura central de la Revolución Bolivariana desde el 2006; que ahora intenta hacer borrón y cuenta nueva, deshaciéndose del color rojo y de todas sus responsabilidades como una de las principales ideólogas de la debacle política, social, económica, cultural y moral criolla.
Un nuevo gobierno, con administración delegada de los Estados Unidos, que, desde su instauración, con las mismas raíces del poder público nacional que sostenían a Maduro (a nivel ejecutivo, legislativo, judicial, ciudadano y electoral) ha aprobado leyes y firmado acuerdos que permitirían la participación de empresas extranjeras en la explotación de la industria petrolera y minera del país;
redactó y aprobó una ley de amnistía, que aún no termina de liberar a todos los presos políticos,
reanudó las relaciones con el FMI,
y a través del Tribunal Supremo de Justicia, declaró la "ausencia forzosa" de Nicolás Maduro, lo que permitió la juramentación de Delcy Rodríguez como presidenta encargada del país.
Este último punto resulta inaceptable para muchos venezolanos, porque contradice lo que dice expresamente la constitución nacional acerca de la falta del presidente; en cuyo caso se establecen dos contextos, el de Falta Absoluta (art. 233) y el de Falta Temporal (art. 234), con un lapso temporal de 90 días (prorrogables por la Asamblea Nacional por 90 días más), tiempo tras el cual hay que hacer un llamado a elecciones.
Yo, que no soy un experto en política, ni en legislación venezolana; solo un ciudadano más, que aspira a un mejor presente y futuro, me pregunto;
¿Delcy Rodríguez será entonces la presidente del país hasta el 2031?
O ¿Hasta que Trump consiga refundar la industria petrolera nacional? ¿8, 10 años en el futuro?
Y esas preguntas me ponen a reflexionar;
partiendo del hecho de que es exactamente el mismo Poder Ejecutivo de Maduro; con todos y cada uno de los mismos actores, debemos suponer que,
como ya es tradición revolucionaria;
¿Las más urgentes necesidades, de una sociedad necesitada de todo, seguirán siendo postergadas de manera indefinida?
¿Qué el pueblo seguirá siendo reprimido cuando proteste por las desigualdades e injusticias que afectan su vida cotidiana, su calidad de vida?
-Como sucedió recientemente en abril 2026, cuando el Gobierno recién creado usó el aparato policial/militar, tradicional del chavo/madurismo/castrismo, para reprimir una protesta de profesores, estudiantes y jubilados que solicitaban sueldos más justos…-
¿Seguiremos teniendo presos políticos?
¿Nunca recuperaremos el estado de derecho?
¿Ni el poder adquisitivo?
Marco Rubio, el secretario de Estado del Gobierno Norteamericano,
la voz que parece más racional y comedida en este complejo panorama,
ya nos ha pedido a los venezolanos que tengamos paciencia;
un músculo que los criollos hemos desarrollado ampliamente a lo largo de todos estos años difíciles del gobierno revolucionario;
pero yo,
que soy impaciente por naturaleza,
sigo despertándome de madrugada haciéndome preguntas;
¿Será que los norteamericanos creen qué nuestra sociedad no podría soportar la ruptura del Chavo/Madurismo en el poder?
¿Qué solo la fórmula del Rodriguismo-Trumpismo puede garantizar la paz en Venezuela?
¿Cómo hacemos entender los venezolanos, que el norte principal de esta transición habría de ser el de realizar cambios profundos, y no cosméticos, en la organización de todos los poderes que manejan y controlan al Estado?
Cambios que promuevan, impulsen y conformen una verdadera refundación nacional.
Un movimiento telúrico que debería comenzar en el ámbito electoral;
en donde tienen que iniciar los procesos de cambio de las autoridades del CNE,
la habilitación de todos los partidos y políticos inhabilitados,
la depuración de la data de votantes,
la implementación de un sistema de votación en embajadas y consulados que incluya a los casi 9 millones de venezolanos que se fueron a vivir en el exterior; cuya opinión no fue tomada en cuenta en las últimas elecciones;
Y que vayamos a un escenario electoral en el que podamos escuchar los planes y soluciones de todos y cada uno de los candidatos que aspiren a un cargo en un futuro Gobierno;
todo esto, para que finalmente el pueblo venezolano, sea de izquierda, de centro o de derecha, pueda decidir su futuro en elecciones justas y transparentes,
un Gobierno elegido de manera democrática por la verdadera mayoría de los venezolanos que vivimos dentro y fuera de este país.
Después de todo lo sucedido en nuestra historia reciente;
después del reboot del destino en nuestra línea temporal,
¿Estaré siendo muy ambicioso al desear una verdadera modificación del tablero político nacional?
¿Por ser partidario de encontrar soluciones a los graves problemas venezolanos en escenarios estrictamente democráticos?
¿Demasiado idealista por soñar con un Gobierno electo por la mayoría del pueblo venezolano?
¿Por creer que los venezolanos sí tenemos el talante democrático para lograrlo?

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