Escuchamos en el ambiente rezos y sollozos de mujeres.
Adán, un niño (7), de apariencia frágil y retraída, está encerrado en un cuarto poco iluminado;
sentado al borde de una cama.
De pronto se abre la puerta de la habitación y Rodrigo (38) el padre de Adán; un hombre blanco, de cabello y barba negra, entra en el lugar;
luce cansado y bastante preocupado,
Adán corre a su encuentro y le abraza con urgencia y cariño;
Rodrigo se arrodilla ante él y lo abraza por un momento.
RODRIGO: ¿Estás bien?
Adán asiente.
RODRIGO: Tenemos que ir a ver al abuelo. Pero no puedes tener miedo. ¿Ok? ¿Mmhh?
Adán no dice nada.
RODRIGO: ¿Mmhh?
Adán asiente con una sonrisa.
Rodrigo le mira a los ojos y le pasa una mano por la cabeza;
lo levanta entre sus brazos y lo saca de la habitación.





