Por Sergio Marcano
Un eco reverbera dentro de mi cráneo;
una pulsación mecánica,
repetitiva,
fantasmal.
Una sombra inconclusa y desdibujada,
que susurra palabras yermas en mi cabeza;
una letanía nostálgica,
quimérica.
plañidera de un futuro truncado…
La estela de un pasado,
que, a pesar de toda la infamia,
el desprecio,
y la traición;
de todas las heridas,
el silencio,
y el dolor;
aún se resiste a desaparecer en las fauces del olvido.
La voz sorda,
obcecada
e intransigente,
de un ego moribundo;
incapaz de acatar la realidad tal cual es.
Una energía que exige una forma de atención emocional ya proscrita y desterrada;
que me obliga a cuestionar las voces que ordenan y reordenan,
la arquitectura misma de mi raciocinio;
a entender que yo soy solo el observador detrás de todo ese ruido mental;
que me incita a recalibrar mi centro;
a reformular mi percepción,
y a cambiar mi forma de pensar;
porque ya no estoy dispuesto a seguir divagando en círculos estériles de sufrimiento,
a revivir heridas que no sangran en mi piel;
a mantener el fracaso como identidad.
La etapa de contrición, penitencia y expiación de mis errores y pecados;
ya ha sido completada;
y el camino a la redención se perfila finalmente frente a mi;
como un sendero de liberación y olvido que de manera inequívoca;
sólo apunta hacia adelante.
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