Por Patricia Quintero y Sergio Marcano.
En la mañana Virginia (23) una joven morena, delgada, se despertó en una habitación sin ventanas y de paredes blancas.
Un lugar desconocido, iluminado por la luz fría de un bombillo de tungsteno.
Estaba aturdida.
Completamente medicada.
¿Por qué estaba allí?
¿Cómo había llegado a este lugar?
A pesar de recién despertar se sentía extenuada.
De pronto notó un dolor punzante en el brazo derecho y al mirarlo descubrió las laceraciones de un par de inyecciones que no recordaba haber recibido.
De pronto notó un dolor punzante en el brazo derecho y al mirarlo descubrió las laceraciones de un par de inyecciones que no recordaba haber recibido.
