Por Sergio Marcano.
Mario se levantó de su cama muy temprano en la mañana.
Los ladridos intranquilos de Amigo, Marrón y Polo, sus tres perros callejeros, no le habían dejado dormir en toda la noche.
Si al menos hubiese podido descansar un poco…
Pero Mario no tenía paz mental desde Mayo del año pasado cuando se metieron en su casa para robarle un racimo de topocho, una auyama barrigona y las 4 gallinas que tenía en el gallinero. Ese día le patearon la cabeza hasta dejarlo inconsciente. Y a Ana María, su mujer, la amarraron de pies y manos.
Por suerte Emilio, su hijo de 10 años, estaba en ese momento en la escuela.
