Por Sergio Marcano.
El Sr. Alfredo tiene 71 años y toda su vida ha vivido en La Candelaria.
Todos los días, como a las 3 de la tarde, cuando el sol es más amable y la brisa más fresca, sale de su edificio, camina un par de cuadras y se sienta en el mismo banco de la plaza Bolívar.
En sus bolsillos siempre tiene una migaja de casabe, un poco de arroz o algún resto de comida para alimentar a las palomas.
Es por eso que todas revuelan emocionadas a su alrededor cuando lo ven llegar.
El Sr. Alfredo es una persona sencilla y se distrae con facilidad.
Disfruta al ver pasar a la gente.
Viendo a los niños jugar.
Teniendo pequeñas conversaciones sin importancia con los desconocidos que se sientan brevemente a descansar.
A diferencia de su pasado como ingeniero civil, cuando vivía azorado y lleno de preocupaciones, ya no tiene prisas en su cotidianidad.
Quién iba a decirle a él mismo que disfrutaría tanto de no tener nada que hacer, de ser dueño y señor de su tiempo.
Simplemente no lo hubiese creído.

